martes, 30 de junio de 2009

De Su Mano

Hace unas noches tuve un sueño, un extraño pero agradable sueño:
Estaba yo en elgún lugar lleno de gente pero sin compañía, vi a mucha gente conocida, por alguna razón yo estaba asustada aunque no había ningún peligro, me sentía cohibida a pesar de que la gran mayoria de las personas que se encontraban ahí yo las conocía. Entoncés entró un hombre, me pareció conocerlo pero no vi bien su rostro; sin pensarlo me aferré a su braso y caminamos por toda la gran habitación llena de gente, yo me sentía aún cohibida pero al aferrarme a su fuerte brazó me sentía segura a pesar de ser él quizas al unico que no conocía, era extraño.
A pesar de que no me abrazaba me sentía protegida, al caminar y sentir miedo, tambien podía sentir su mano aferrar la mía para darme seguridad, interponerse entre alguien y yo cuando me asustaba... se que suena patetico pero así era.
Entonces intenté soltarlo pero nunca supe si era mi mano que ya estaba tan acostumbrada a la de él, o era que él mismo no permitía que lo soltara.
Lo que me enfurece es que haya estado tan preocupada por mi própia protección que no pude ver su rostro ni preguntar su nombre...

Envidia

Es como si deseara lo ajeno, como si la felicidad ajena me molestara solo porque yo no puedo ser feliz. ¿Será acaso porque no tengo a quien amar ni quien me ame? Puede ser.
Desearía estar en su lugar, ¿Por qué yo no? me pregunto una y otra vez, ¿Tan mala persona soy? ¿O es acaso que no lo merezco?
No me importa, deseo lo ajeno y tengo miedo de que la envidia se convierta en odio...

jueves, 25 de junio de 2009

Prólogo

Era aproximadamente ya la media noche cuando aquella niña de belleza insólita recorría las solitarias y empapadas calles de aquella ciudad sombría en busca de refugio contra la implacable lluvia que caía sobre ella.
No pasaría de los dieciséis años de edad, su cabello largo era negro y quebrado, su piel como la porcelana, sus labios perfectos estaban lilas en lugar de rosados a causa del frío, las mejillas pálidas y delgadas debido a la mala alimentación y sus hermosos ojos cenizos color malva se veían cansados; pero a pesar de todo esto, ella seguía siendo hermosa, la más hermosa de todo el país. Un relámpago la sobresaltó e instintivamente protegió su hinchado vientre de nueve meses; hacía siete meses había salido de su hogar por causa de su embarazo, su castidad seguía intacta, pero era imposible de creer que fuera virgen estando embarazada. La joven lanzó un grito de dolor, el bebé ya venía. Cayó y se retorció en l suelo, respiró agitadamente mientras a rastras lograba ocultarse de la lluvia; pudo llegar a un callejón y ahí empezó a dar a luz, sus gritos se podían oír por toda la calle, y aun así nadie venía en su ayuda, después de todo “ella era una perdida” ante las demás personas.
Por fin logró tener a su bebé, una hermosa niña de piel pálida, cabello color plata y los profundos ojos vivos capaces de ver hasta lo más profundo del alma, la madre sostuvo a la pequeña llena de sangre, cortó el cordón umbilical con un vidrio roto, rompió sus vestido para cubrir a su bebé, con aquel amor tan cálido y protector que solo una madre puede dar, la criatura la miraba fijamente, como si supiera quien la sostenía. La madre protegió a la pequeña ante la tempestad y en los labios de la pequeña se dibujó una cálida sonrisa de agradecimiento.
Así pasó la noche y pronto la pequeña, que no había dejado de mirar a su madre desde el momento en que nació, escuchó que los latidos del corazón de la joven eran cada vez más débiles, pudo sentir como iba perdiendo el calor ese cuerpo pero que aún así no dejaba de cantarle con su preciosa voz una canción de cuna. La última nota de aquella triste y dulce canción se llevó el último aliento de aquella pobre joven, la criatura frunció el ceño, preocupada, derramó una lágrima y pensó solemnemente Eileen…